Othelo
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Palabras del Productor:

“Un pueblo sometido, un pueblo acallado, un pueblo que lo tienen tranquilito y calladito, pero que busca mantener su dignidad al costo de lo que sea, incluso el padre de Laurencia, alcalde de Fuenteovejuna, lucha y lucha siempre por mantener la dignidad aun en la opresión. El honor pasa por este pueblo, que requiere de libertad, en la libertad está el honor de ellos.”
“¿Quién mató al Comendador?: Fuenteovejuna señor, aquí no hay un solo culpable, ni alguien que haga el bien, aquí es un pueblo, aquí somos todos. Es cierto que al pueblo lo conduce alguien, en este caso es Laurencia desde su bravura, desde sus ganas de libertad, desde su ultraje. Es realmente una obra muy épica en ese sentido, en la manera que tiene el pueblo de reaccionar como un todo, como una sola voz, y no lo quiebran con nada, porque al pueblo lo torturan, lo hacen pedazos, le dan la dura como dicen, y nada, firme, firme.”
“El Comendador era el dueño de todo, tenía derecho a acostarse con las mujeres que le parecía, matar a quien se le pasara por delante, era como un pequeño rey, entonces, no es que encarnara antivalores, si el problema está en el poder, cuando alguien tiene mucho, mucho, mucho poder, se desatan los antivalores, se desatan porque el poder corrompe”.
“Laurencia una vez que toma la decisión, una vez que es ultrajada por el Comendador, que es violada por él, ella toma la decisión de venganza, venganza pura y dura, quiere ver sangre, quiere ver muerte, y ella conduce a todo el resto de las labradoras, a todas las mujeres del pueblo, y las mujerer del pueblo hacen un montón de proposiciones, y ella las deshecha todas. Da la impresión que esta chica también se enceguece un poquitito con su pasión de venganza. Ella sólo ve la muerte por delante.”

El Dramaturgo



Pascuala y Laurencia, labradoras de Fuenteovejuna, comentan sobre el acoso que esta última ha sufrido de parte del Comendador, don Fernando Gómez de Guzmán. Los criados de él, Ortuño y Flores, han intentado convencerla para que cede a las pretensiones de su señor, pero ella se muestra firme y segura, no solo ante el cortejo de la autoridad, sino también ante el galanteo de otros hombres de la villa.

En medio de la conversación, a la que se han sumado Frondoso, Barrildo y Mengo, se anuncia la victoriosa llegada del Comendador. Después de una dura batalla contra los moriscos, ingresa el vencedor a Fuenteovejuna. Los habitantes del pueblo lo deben recibir con vítores que celebran su aguerrido temple y las tierras conquistadas.

Complacido por la bienvenida, Fernando se atreve nuevamente a insinuarse a Laurencia y Pascuala, a quienes conmina a entrar a su vivienda. Las mujeres se resisten, porque saben que el interés del señor puede hacerlas perder el honor tan preciado; los criados del Comendador intentan cumplir sus órdenes, pero Laurencia y Pascuala, una vez más, logran sortear la presión y se van.

Bajo unos árboles, la altiva Laurencia se encuentra con Frondoso, quien dice estar cansando de cortejarla sin que ella demuestre que confía en el honesto amor que él le profesa. La confesión se interrumpe ante la llegada del Comendador: Frondoso logra esconderse antes de que Fernando le reproche a Laurencia su desprecio y la intente convencer de que la obediencia a su señor es un valor que ya otras mujeres del pueblo han respetado… Entonces, ¿por qué ella habría de negarse a sus antojos? Laurencia, de firmes convicciones, una vez más, lo rechaza, pero no puede escapar de los fuertes brazos del Comendador. Ante este ataque, Frondoso decide salir y hacer frente a la autoridad, de modo de proteger a su amada Laurencia, quien logra escabullirse. El trabajador se va con la ballesta del Comendador que ha logrado tomar para evitar que su señor lo mate al partir. Fernando se queda entonces sin mujer y sin arma, anunciado que tomará venganza por la humillación vivida.

El Comendador se reúne con algunos hombres principales de la villa, entre los que se encuentra Esteban, alcalde de Fuenteovejuna y padre de Laurencia. Ante él, Fernando se queja del desprecio de la joven. Esteban, intentando ser prudente, invita al Comendador a reflexionar en torno a lo ocurrido; le explica que los habitantes de Fuenteovejuna son personas respetables y que, si el precio de vivir tranquilos es el honor de las mujeres de la villa, entonces a los pobladores no les quedará otra alternativa que defenderse. El Comendador siente que la ofensa se agrava.

Los villanos también se sienten ofendidos por el atrevido comportamiento del Comendador. Laurenciasugiere a Frondoso que huya del lugar, pero este ha decidido quedarse: desea vengar las humillaciones que los habitantes de Fuenteovejuna han padecido y formalizar la relación con su amada, a quien ha logrado conquistar por su lealtad y valentía .

El ataque hacia la dignidad de los labradores continúa: Mengo es detenido y azotado, por intentar defender a una mujer, Jacinta, de los caprichos del Comendador.Ante las nuevas humillaciones, Esteban y otras autoridades de la villa discuten sobre la deshonra que el pueblo padece. A pesar de la compleja situación, se sigue adelante con el matrimonio de Laurencia y Frondoso hasta que la celebración se interrumpe con la llegada del Comendador, que – dando palos al anciano padre – apresa a Frondoso y se lleva a Laurencia, convirtiendo “en luto la boda”, como sentencia Pascuala.

La rebelión comienza a tomar forma. En el consejo irrumpe una desmelenda y golpeada Laurencia, que encara a los presentes por no haberla defendido de los antojos del Comendador y que comunica el deseo de este de colgar a Frondoso. Los hombres, sacando fuerzas, deciden acabar con el abuso, matando a Fernando. Las mujeres también se organizan. Todo el pueblo acude al palacio de Gómez de Guzmán a restituir con la muerte del señor el honor perdido.

Las noticias llegan a oídos de los reyes Fernando e Isabel, quienes no pueden dar crédito  a lo que escuchan: el Comendador ha muerto en medio de una sublevación popular, por lo tanto, ellos exigirán un castigo ejemplar para los culpables. Sin embargo, es imposible identificar a los cabecillas de la rebelión, a pesar de los duros interrogatorios a los que son sometidos los detenidos. Ante la pregunta de quién mató al Comendador, todos, sin excepción, responden “Fuente Ovejuna lo hizo”. Con prudencia, el rey acoge al pueblo y absuelve a los labradores, que exponen que su actuar se debió a los agravios padecidos y que la justicia que asumieron fue con respeto a la Corona. Frondoso y su mujer, así como Esteban, Mengo, Pascuala y los demás habitantes de la villa sienten, por fin, que la dignidad y la justicia han triunfado.