Palabras del Director:
"Othelo es una historia de amor atravesada por la mano negra de Yago, por las torpezas de Rodrigo, por la ingenuidad de Cassio, la soberbia de Othelo, la distancia de Emilia y finalmente la ceguera de todos. Es muy difícil situarla en una época específica. Es una obra militar. Llena de militares que hablan de amor… difícil, muy difícil. Esta es realmente una obra desafiante. Es una tragedia de tomo y lomo. Es tragedia pura y dura. Es tragedia.”
“Esta obra le dice a un adolescente que cuide sus relaciones, que sepa distinguir entre el amor verdadero y el querer apropiarse del ser amado. Que hay que aprender a escuchar, darse tiempo para hablar una y otra vez los temas que no se resuelven al solo amarse con otra persona. También le dice a los estudiantes que es bueno no vivir de lo que te dicen y de lo que te cuentan. Es bueno tomar decisiones desde lo que se ha vivido porque incluso la vista te puede llevar a engaño. Solo el diálogo abierto y sincero te compromete con la verdad.”
“Othelo es un hombre noble pero su soberbia lo convierte en una bestia sin moral. Su soberbia que consiste en que él y solo él tienen la razón, la mirada y el punto de vista correcto. Fatal error, siempre hay que saber mirar desde la mirada de los otros.”
“La sola idea de que el mejor no sea de nuestro lado nos deja el camino abierto a la envidia, la traición, la doble lectura, la hipocresía constante y finalmente la tragedia. Todos odiamos lo que mas queremos, todos queremos que el jefe tenga tejado de vidrio…. Shakespeare es un mago en cuanto a las relaciones entre las personas y se dedica a llenar de datos psicológicos uno sobre otro en una verdadera montaña de pasiones y acciones de gran vigor.”
Es de noche. Yago y Rodrigo caminan por una calle de Venecia en dirección a la casa de Brabancio, porque quieren alertarlo del secreto matrimonio entre su hija Desdémona y Othelo. Ambos saben que con esta noticia provocarán la ira de aquel hombre y de esta manera lograrán perjudicar al moro, a quien odian porque los ha privado de lo que más desean: Yago perdió la posibilidad de convertirse en teniente (el general Othelo prefirió nombrar a Miguel Cassio) y Rodrigo, a la bella Desdémona, a quien pretendió sin éxito.
Brabancio, molesto, parte a enfrentar a Othelo. Sin embargo, la acalorada discusión se ve interrumpida, puesto que el Dux los cita de manera extraordinaria al Consejo de Gobierno, donde se discutía sobre la amenaza que representaba el Turco, enemigo que intentaría llegar hasta Chipre. Los congregados estiman que Othelo es el único capaz de enfrentarse al enemigo y destacan su experiencia y capacidad como estratega. Othelo asume la misión, no sin antes reconocer ante los presentes el profundo amor que siente por la hija de Brabancio. El padre, que lo acusa de haber hechizado a la joven, acaba renegando de Desdémona, que llega hasta el palacio para exponer sus sentimientos y que termina comunicando que acompañará a su marido hasta Chipre.
A la isla también viajarán Yago y Rodrigo. Yago ha logrado convencer a Rodrigo de que la pasión que su amada siente por Othelo se apagará con los días y que, cuando llegue el momento, deberá estar atento para aprovechar la oportunidad. Pero, en el fondo, lo que desea Yago es que Rodrigo participe de su plan para destruir la felicidad del árabe.
En medio de los festejos por el triunfo del ejército encabezado por el moro, la estrategia de Iago comienza a tomar forma cuando concluye que Miguel Cassio es el candidato ideal para instalar en Othelo la duda sobre la fidelidad de Desdémona. Cassio no solo es el teniente que el moro prefirió en vez de él, sino que también es un buen amigo de la joven. Será, entonces, fácil confundir al general con turbios comentarios que expresa mientras simula lealtad y buen juicio.
Iago no solo debilita la seguridad de Othelo con palabras. Aprovecha cada ocasión para instalar el germen de la destrucción: le tiende una trampa a Cassio, para que este se emborrache y se trence en una pelea, tras lo cual Othelo destituye al joven de su cargo por la mala conducta; le sugerirá a Cassio que converse con Desdémona para que ella interceda por él ante Othelo y así este lo restituya en su cargo; hará que el general escuche aparentes comentarios de Cassio sobre su relación con Desdémona, los que en verdad se refieren a Bianca, la amante de Miguel; le entregará a Cassio un pañuelo olvidado por Desdémona, de modo que el moro crea que fue un regalo de la joven para el teniente.
Desdémona no comprende el extraño comportamiento de Othelo. Emilia, su dama de compañía, le asegura que alguien insensato debe de estar mal aconsejando a su esposo, sin saber que es Yago, su propio marido, quien está confabulando en contra de la pareja. También se lo dice a Othelo, cuando este la interroga para comprobar sus sospechas. Pero los celos del moro ya lo han enceguecido y, ahora, Desdémona deberá restituir con su muerte el supuestamente perdidohonor del general.
Otelo, al final, logra quitarse el manto de duda que le ha nublado la razón. Comprende su error y reconoce la fragilidad de su espíritu, que fue incapaz de creer en la bondadosa Desdémona. Antes de morir, hiere a Yago, el desleal, que deberá cargar con su culpa y la deshonra.