Gran parte de la obra que produjo William Shakespeare tiene como sustento argumentos ya conocidos. El genio del autor consiste en darle universalidad a la historia, en construir una acción dramática que pueda ser seguida tanto por el pueblo llano como por la nobleza, y en enlazar los conflictos, de modo que todos los frentes se crucen y cobren relevancia al momento del desenlace.
Los estudios han determinado que para el argumento central, la fuente más directa de El mercader de Venecia es la historia que se narra en la antología de cuentos llamada Il Pecorone (El simplón) de Giovanni Fiorentino, escrita en 1378 y publicada a mediados del siglo XVI. En esta colección ya aparece la carne del aval como garantía del préstamo contraído.
La vigencia de Shakespeare
¿Qué hace que William Shakespeare, el Bardo de Avon, mantenga su vigencia a pesar de los años, los cambios sociales y culturales, las nuevas propuestas teatrales y los nuevos horizontes que se han abierto en la dramaturgia contemporánea? La respuesta sigue confirmando la actualidad de la obra de este autor inglés: más allá de las transformaciones que ha experimentado la sociedad y de las consiguientes corrientes artísticas que surgen en los diferentes periodos, Shakespeare nos ofrece un universo en el que los valores y los dilemas morales, los caracteres y estereotipos, el destino y el libre albedrío se presentan como ecos que trascienden momentos históricos.
Las decenas de obras del dramaturgo inglés contienen la capacidad de la actualización. Tal como sucede con el teatro clásico griego, los temas que se abordan son tan universales que se logran desprender del contexto inmediato en el que fueron concebidas. Este montaje se beneficia entonces de las múltiples posibilidades de adaptación: aparecen los teléfonos móviles, los computadores o los aviones. La escenografía y el vestuario cambian otorgándole agilidad a la propuesta y reinstalándola en pleno siglo XXI, donde las convenciones sociales, los prejuicios, el juego de las apariencias y del dinero, en diversos rincones del mundo, sigan dando paso a la intolerancia y el rencor.
Los personajes se construyen como arquetipos que encarnan los conflictos más profundos del ser humano, como la duda existencial (Hamlet), los celos (Otelo), el amor (Romeo y Julieta) o la locura (Rey Lear). En esta ocasión, asistimos al encuentro de Shylock, judío y prestamista, ambas condiciones que por sí solas acarrean el repudio de una sociedad predominantemente cristiana y que condena la usura. En contraposición a él, encontramos a Antonio, el mercader que da el título a la obra y que, a lo largo de la acción dramática, se muestra leal y altruista con sus cercanos, pero enemigo público de Shylock.
La obra
Escrita entre 1594 y 1597, El Mercader de Venecia es una obra en la que el dinero es el medio para alcanzar el prestigio y la felicidad, así como para perpetrar la venganza. Basanio aparenta tener más riquezas que las que verdaderamente posee; Antonio le sirve de aval para que pueda presentarse ante Porcia como un solvente pretendiente: Shylock ve en el préstamo una oportunidad para vengarse de Antonio y de todos quienes se han burlado de él.
La situación expuesta así pareciera estar más próxima a la tragedia que a la comedia: sin embargo, la acción dramática toma otro curso con el rol que asume Porcia. Al inicio, esta joven de Belmonte pareciera ser una simple cautiva del testamento de su difunto padre, pues solo podrá desposarse con aquel pretendiente que escoja el cofre que contiene su retrato. Son tres las posibilidades que tienen los que llegan a cortejarla, pero ninguno escoge el cofre correcto, para suerte de ella, que espera con ilusión la posibilidad de que Basanio logre acertar. A esta primera parte, en la que la vemos como un personaje pasivo, se opone un segundo momento, cuando ella decide actuar para salvar a Antonio, quien posibilitó su encuentro con Basanio. Y llega el juicio y, con él, la velada sonrisa de Shylock, la desazón de Antonio, la desesperación de Basanio y la astuta defensa que realiza Porcia, que mediante un temerario discurso se esfuerza por dar vuelta el veredicto.
Porcia es el personaje que tiene sobre sus hombros el desenlace de la comedia, así como los momentos jocosos que sirven de contrapunto: las respuestas a los amantes que pierden ante los cofres, su caracterización como un destacado abogado y la recuperación del anillo que entrega a Basanio como símbolo de su amor, terminan por mostrarla como una mujer hábil con la palabra y rápida en las decisiones, mientras vemos a hombres confundidos y temerosos.
Por último, siguiendo el papel activo de Porcia, encontramos a Nerisa, su leal amiga, y a Yésica, la hija de Shylock, que también son capaces de disfrazarse de hombres si el momento lo requiere. Esta última nos permitirá, además, conocer la faceta de padre que tiene el prestamista y presenciar cómo el quiebre de esta relación lo hunde aún más; al final queda solo, desamparado y ad-portas de tener que renunciar a su fe.